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28 abr. 2017

Besos en el S. XIX (Un datito)


En torno a lo que voy a describir aquí, es acerca del S.XIX de Inglaterra.


Una cosa que con frecuencia verás en las miniseries dedicadas a los libros clásicos es, que si en ellas ha de aparecer un romance, de seguro que tarde o temprano te plasmarán en pantalla un beso de película. Te voy a decir una cosa acerca de los besos que yo no he estudiado y lo he sacado por deducción al leer libros clásicos y ver miniseries dedicadas a los clásicos. Los besos entre dos personas que se atraen en los S. XIX (hablo de este siglo porque es con frecuencia los libros y mini series que más veo) es algo difícil de realizar porque, aunque ahora pareciera que vamos regalando besos por doquier y hoy en día cada vez se desvalora más eso de dar besos en los labios, antes (y yo pienso exactamente igual, llamadme radical, para mí en estos tiempos en un piropo, me hace sentir cuerda) un beso entre un hombre que cortejaba a una mujer con intenciones totalmente honorables era casi como estar ya comprometidos, para la boda quiero decir. Es sellar el pacto de “Con este beso te voy a desposar”. 

Sí, porque pedirle permiso a la dama para ser cortejada incluía entre líneas el hecho de que el cortejo acabaría en boda. Antes no existía el ahora de "Yo quiero solo contigo esta noche que mañana tengo planes de acostarme con otra" o el tan usado "Mira, vamos a probar y si no nos va bien pues tú con tu madre y yo con la mía" Por supuesto que pasaba, pero si un hombre tenía que desfogarse, habían mujeres "no decorosas" que se prestaban para tal fin, pero por lo general esto sucedía así. Y volviendo al principio de este párrafo, sí, él debía de pedirle permiso para ser cortejada, me temo que ahora se lleva eso de seguir a la mujer por la calle pegándole gritos y tirándole chistes obscenos. Por lo que el hombre enviaba una tarjetita con sus honorables intenciones y quedaba a la espera de la respuesta de su dama soñada, la cuál no podía mostrarse muy ansiosa para no parecer desesperada, ni poco ansiosa para no desanimar a su admirados.

¿Puedo tener el placer de escortarla a casa esta tarde? Si puede ser, mantenga esta carta. Si no, por favor, ¿podría senrtarme en la valla y verla pasar? Estrictamente confidencial.

De segundo que era difícil de dar besos cuando amabas a alguien porque las mujeres no debían de ir solas a ningún sitio de la puerta de sus casas hacia fuera y cuando el hombre se declaraba querer cortejar a una dama ¡aún con esas, no estaban solos! ¿Qué pasa si perdía su virtud y ningún hombre la quería ya? (Porque la mujer debía de estar impolutamente intacta, el hombre daba igual, de hecho, cuando más experimentado, mejor) De lejos vigilantes estaban o bien la madre, la hermana, el padre, la amiga, la niñera… Alguien, pero nunca solos, guardar la virtud de la mujer y dar lo más preciado para siempre a un único hombre era importantísimo.

Otro dato para el que no esté muy puesto, ya os digo que yo todo esto lo he sacado de leer literatura clásica y mini series ambientadas en dichas épocas, es que el beso era el último paso a dar, antes de los besos existía la excitación de el roce de manos al caminar, por ejemplo. Quiero destacarte, querido lector, que el contacto físico en aquella época entre hombre y mujer era muy escaso, a excepción de buenas amistades que no se prestasen al cotilleo en el pueblo cuando fueran vistos agarrados del brazo, por lo que, como todo ser humano, la atracción física que tanto se restringían, era la primera cosa que se deseaba cuando se estaba enamorado. Se deseaba y buscaba un motivo, por torpe que fuera para sostener la mano de la dama cuando subía o bajaba del carruaje, acariciarle la mejilla mientras se le retiraba un mechón de pelo de la cara o el tacto de la espalda al dirigirla al caminar. Motivo demás que los bailes también fueran algo tan deseado, en los bailes había cercanía, roces, conversaciones, miradas... (Todo eso sin la necesidad de restregar culo con culo en las discotecas)

Por lo tanto los besos era el deseo más ardiente que florecía cuando todo esto ya estaba gastado y se deseaba ir más allá, pero el beso era lo último que debía de hacerse.

Por supuesto que esto era un ensoñación para las damas que se permitían el lujo de soñar con el amor, ya que si nacías sin fortuna debías de buscar un matrimonio ventajoso (como diría mi querida Sra. Bennet) Pero si en el proceso quedabas perdidamente enamorada de él y él de ella, bueno, ¿qué hay más hermoso que un amor correspondido?

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