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21 feb. 2015

La ensoñación de leer

He reído, he llorado, me ha dolido el estómago de los nervios recogidos, me han dado paz, me han sacado de un estado de histeria, me han ayudado a salir de mis preocupaciones y me han contagiado las ganas de escribir mi propia historia. Me han hecho salir de la cama ansiosa por saber más o me han robado el sueño e incluso dormir conmigo. Me han animado cuando estaba triste y me han transportado a otro mundo para salir del mío y dejar atrás las responsabilidades de la edad. Han conseguido que los eche de menos cuando solo una hora antes los había dejado a un lado para otras actividades o he llorado por dentro cuando no los he tenido a mano cuando más quería salir de mi ansiedad y me provocaran un distanciamiento de mis oscuros pensamientos. Me han dado refugio cuando peor estaba de ánimo y me han llevado a tantos sitios sin salir de mi casa con tantos personajes a los que he amado, junto claro está, con los que más he odiado que llevo por sangre, un fluir de letras como té lleva por sus venas un japonés.



 Mis queridos, adorados y entrañables amigos desde mi más temprana infancia, con tres añitos. Los libros. Existen los amantes al cine, las series, anime y cualquier otro fenómeno que aparezca en la televisión, los que pasan horas con los videojuegos, los que no podrían vivir sin mirar a las estrellas. Los hay que prefieren pasarse el tiempo componiendo canciones y tocando un instrumento, al igual que los hay que prefieren ocupar su tiempo en construir maquetas de barcos del siglo XVIII. Yo ocupo gran parte de mi tiempo, cada segundo que puedo aprovechar después del trabajo en leer, leer y leer. Releer frases, párrafos, textos, libros enteros y algunas de las páginas que ya disfruté con la primera vez. Luego claro está, leer historias nuevas es lo principal para mí, ya que hay tantas historias que deseo conocer que releer es vuelve más en un segundo plano, pero siempre que me viene el gusanillo al recordar alguna escena… ¡Ahí que voy!

 Mi padre, mi amantísimo padre fue el precursor en mi casa de este hobby para cada uno de los miembros que componen mi familia. Mi inteligente padre siempre será recordado (entre otras cosas) como el ejemplo a seguir de estar sentado en la mecedora en verano, junto al balcón y en el sofá en el invierno, con un libro en las manos. Es por ello que todos mis miembros en algún momento hemos estado leyendo algo, pero supongo que mi hermana y yo somos las que más, al fin y al cabo, hemos absorbido más de él y a día de hoy seguimos con la tradición. Desde la edad de 8 años comencé a rondar por casa en busca de libros que ya no fueran los del colegio, por los que pudiera estrechar una amistad y en mi deambular descubrí que los libros de mi padre no los entendía a esa edad, los de mi madre eran muchos para mayores de edad, por lo que me refugié en la habitación de mi hermano.

 De entre todos sus libros juveniles, que eran bien pocos, ya que a él no le entusiasmó tanto el leer y los que le enviaban del colegio, luego instituto, comencé con una colección de libros que él guardaba en una de sus estanterías llamados Leo Leo. Habían bastantes, todos metidos en su pack de cartón con forma de punta de lápiz azul y eran finos para comenzar a leer. Acabé enganchada, expectante al descubrir que el niño vampiro no era destruido con el sol y podía ir al colegio con los demás niños, luego me extrañaba con el tío Federico y de su extraña alergia a los niños y así… acabando por devorar toda la colección o los que yo creo recordar que mi hermano tenía. Pasando por un solo libro que ví allí también parado que me resultó curioso, porque ¡podía elegir como iban a suceder los hechos! Puede que muchos recordéis los libros de Elige tu propia aventura y acabé por no dejar ningún cabo suelto. No podía quedarme con un solo final, yo debía de saciar mi infantil curiosidad y saber de cuantas formas podría triunfar el protagonista y por cuantos lugares habría de pasar.

 Entre las horas que pasaba sobre la cama de mi hermano ojeando sus libros y los que mi padre me compraba más apropiados para mi edad, pasaron un par de años y ya pudo acogerme a libros como Matilda (Roald Dahl) y Piruleta (Christine Nostlinger) Me tronchaba de la risa con Mortadelo y Filemón, que siempre se venían conmigo en cada feria del libro del pueblo y a la bibliotecaria dejé sin descanso hasta haberme leído todos los libros de El club de los siete secretos. Fue cuando no encontré más de este grupo de siete amigos cuando la biblioteca trajo a Los cinco que también probé. ¡Esto era ya demasiado para mí! A los 11 años desempolvé la máquina de escribir de mi padre y comencé a escribir mis propias historias y entonces descubrí que no podía dejar de escribir. Me adueñé de la máquina, luego del ordenador años después y al final mis padres optaron por comprarme un portátil para que yo pudiera seguir escribiendo. Ya había llegado a una edad donde ya no estaba conforme con lo infantil, pero adolescente había menos donde escoger, pues mi hermano no seguía fiel a la lectura. Por lo que pensé que ya podría mirar los libros de mi padre. Don Juan Tenorio, Gustavo Adolfo Bécquer, Barbara Wood, Agatha Christie. ¡Mi querida Agatha! Bendito momento en que alargué la mano para conocer a Poirot en “El asesinato de Rogelio Ackroyd” No pudiendo contenerme al descubrir que me fascinaban las novelas policiacas, aunque con la corta edad no los captaba en toda su esencia, ataqué a Los diez negritos, cartas sobre la mesa y todos los que mi padre recopiló, porque otros muchos los sacaba de la biblioteca y ahora, gracias a la tecnología, mi marido se los dio todos digitalmente y ahí está disfrutando como un niño.


 Seguí y seguí, todo lo que los estudios me permitían, hasta que llegué a la tierna y sensible edad de la pubertad, donde mi madre ya me permitió coger algunas de sus novelas románticas, pero acabé un poco desilusionada con la juvenil Chris, nacida inocente y pensé que, después de haber disfrutado con mi hermano primero, y luego con mi padre, no podría compartir sentimientos también con mi madre, pero entonces me dio a Danielle Steell ¡Válgame Dios! ¡Ocurrió la tragedia más grande de toda mi vida! Ya no quería leer otra cosa que las novelas románticas, había descubierto el amor en los libros y eso me llegó tan hondo, que mi pérdida de cordura duró por más de 10 años en los que parecía que no podía leer otra cosa. Leí y leí sin descanso y sin saciarme de estas novelas (históricas) románticas, pero yo creo que después de todos esos años, decidí que debía alternar con otros géneros y entonces recordé el amor que una vez le profesé a Agatha Christie y me dije que debía recuperar el amor de todos los libros que me estaba dejando a un lado por querer leer solo de un género y mi cordura volvió a mí, años atrás. Ahora disfruto de todos los géneros que puedo abarcar y he descubierto todo lo que puedo leer y en estos 25 años que llevo con los libros a cuestas, solo me han reportado más y buenas sensaciones que cualquier otro hobby que haya tenido. Sí… son mi debilidad ¿Qué le puedo hacer si además, son unos buenos consejeros, un buen alimento para el cerebro y hasta se recomienda para retrasar e incluso prevenir enfermedades?

 Ha día de hoy sigo intentando aprovechar lo que pueda, claro que hay otras prioridades que no se pueden dejar de lado. Ahora, junto a mi marido, formamos un fabuloso club de lectura y cada vez que coincidimos en un punto muerto donde los dos recién acabamos nuestra lectura individual, leemos uno de los libros que ambos queremos conocer, juntos.





1 comentario:

  1. Que precioso artículo y como se nota que amas la lectura de una forma tan profunda.

    Creo que es una de las aficiones más bonitas y creativas que se pueden tener. Tuviste muy buenos inicios, creo que la literatura que solía haber antes por las casas era más interesante que lo que se suele vender hoy día (aunque que conste que sigue habiendo cosas interesantes). Pero Agatha Christie, por ejemplo, que la mencionas, tenía un aire de misticismo que nos causó a muchos impresión en la infancia. Son “pilares” que nos marcan y hacen que quedemos enganchados de por vida.

    Grandísimos los libros de Elige tu propia aventura, yo tuve seis de ellos, los cuales inicié una y mil veces, intentando (haciendo el truco de volver a la anterior acción XD) que no me matasen o me quedase en un callejón sin salida. Eran algo así como los “videojuegos de la literatura” XD. Incluso llegué a tener libros del estilo basados en Indiana Jones y me gustaban muchísimo, llegué a probar infinidad de veces, aunque en pocas ocasiones logré un final que me dejase satisfecho.

    Y enorme Enid Blyton con su serie de “Los Cinco”. Yo “Los Siete” admito que no los llegué a conocer, pero hubo una oleada de libros parecidos muy interesantes. Yo conocí a los mencionados “Cinco” (en “Los Cinco van de Camping”, que me encantaba), “Los Hollister” (que eran muy parecidos) y a “Trixie Belden” (una chica adolescente que investigaba casos con sus amigos). Todos eran geniales.

    El libro de “Chris, nacida inocente” también andaba por mi casa, se ve que las madres de la época estaban encandiladas con la novela XD. A mí tampoco me llamó nunca la atención demasiado, siempre he sido de leer cosas con un componente fantástico, extraordinario o que se salga (aunque sea un poquito) de lo normal. Gracias por compartirnos tu gran pasión por las letras y que siempre sigan saliendo maravillas como las que hemos conocido. ¡Un saludo!

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