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5 may 2017

Cuando le doy mi vida a Dios ¿la estoy perdiendo?



    Te voy a decir una gran verdad, cuando eliges seguir los caminos de Dios, si los eliges, vas a tener que abnegarte a ti mismo en todo para hacer lo que Dios quiere. Por lo que la respuesta corta a la pregunta del título sería: "Cuando le doy mi vida a Dios ¿la estoy perdiendo?" Sí... y no. Cuando te propones hacer algo en la vida, tienes una meta sea la que sea vas a tener que sacrificar cosas en tu vida, deseos, sueños y otras cosas porque si quieres ser modelo ya no podrás estar todos los días comiendo hambuguesas de altas calorías; si quieres ser atleta tendrás que cuidar tu cuerpo por dentro y por fuera; si quieres estudiar tendrás que sacrificar tiempo para dedicarte a ello; Si te gusta la navegación tendrás que echar más horas de trabajo para comprar el barco que quieres y si quieres ser como Cristo también tendrás que guartdare de hacer otras cosas. Todo tiene un sacrificio.

La respuesta larga: Para conseguir caminar por los caminos que te propones, va a ser inevitable ver en tu mente un grande y luminoso cartel en todo tiempo que dice NO. ¿Qué es eso del NO? Significa que si sigues un camino cristiano tu ya NO podrás hacer esto, NO podrás ir a tal sitio, NO dirás ciertas palabras, NO, NO, NO, NO. Entonces sentirás que estás perdiendo tu vida por hacer la que Dios quiere. Déjame contarte una historia.

♣ Hubo una vez donde hombre y mujer vivían en completa armonía con Dios sin separación alguna y entre ellos mismo. Dios creó todo lo que ellos podían ver para su total disfrute de ellos. Podían ir a donde quisieran, hacer lo que les placiese, porque el lugar que Dios les había preparado era para que hombre y mujer disfrutasen al 99% de todo lo que les rodease. ¿Al 99%? Bueno, resulta que había cierto árbol (el cuál no es un manzano) del que NO podían comer porque ciertamente morirían. Ahí vemos un NO. Continuemos. Hombre y mujer disfrutaban de un eterno paraíso soñado hoy por toda persona sin hacer cuentas del árbol prohibido, porque era tanto de lo que estaban disfrutando que se les olvidó, hasta que un día vino una serpiente muy astuta que sabía escoger muy bien sus palabras y que al verlos tan felices les dijo: “¡Ah! Que Dios dice que NO podéis comer de ese árbol ¿verdad?” ♣

Cómo comprobarás, no está diciendo ninguna mentira, pero sí que es una verdad muy sesgada porque ya que es solo un trozo de la verdad, lo que está haciendo es manipular al hombre y a la mujer haciéndoles cambiar su enfoque a otro muy limitado y pequeño. En vez de hablar la serpiente de la gran generosidad de Dios al crear todo un paraíso para ellos, de lo grande y bueno que ha sido Dios para con ellos, de las riquezas que hay en ese paraíso, la serpiente los hace dudar y centrarse en la única cosa que Dios les pide que NO pueden hacer y como niños grandes que parecemos siempre ser, queremos lo único que se nos prohíbe. Se centraron tanto en el NO que eso les cegó de ver lo demás y ya no pudieron ver la grandeza de Dios, ni el paraíso que había creado para ellos, de la paz que residía siempre allí y de la magnífica convivencia que tenían los tres. Y ahí fue cuando empezó la separación entre hombre y Dios, mujer y Dios.

Aquí nos encontramos con que, lo mismo que las historias de los buenos libros clásicos acerca de la sociedad que sirven siglo tras siglo, la estrategia de la serpiente sigue siendo la misma a día de hoy porque cuando oyes decir la frase “seguir a Jesús” o “ser cristiano” te viene a la mente el gran cartel de neón de las Vegas gritándote un poderoso NO porque solo sabemos ver lo que un cristiano NO puede hacer y nos olvidamos de lo que SI puede hacer Dios y lo que pone a nuestro alcance. Y aquí es cuando volvemos al principio del artículo para aclarar que sí, cuando sigues a Dios estás soltando, dejando ir tu vida la cuál manejas tú, para dejar que Dios la tome y la dirija según su voluntad y entonces esto deja de convertirse en una abnegación cuando nos separamos del NO y comprendes todo lo que Dios te ofrece y todo el temor y las dudas desaparecen. Por lo que es más valioso para mí lo que estoy ganando al lado de Dios al ver todo lo que pone a mi alcance, de lo que me bendice y me disciplina en su amor que lo pudiera estar perdiendo.
Por lo que déjame aclararte otra cosa que está en mente de todos a los que la palabra NO les bloquea.

¡Es mentira que los cristianos no nos divertimos! ¿Acaso no tenemos también sangre en las venas? Yo considero que tengo una vida bastante divertida, lo que pasa es que no hago lo que todo el mundo a dictado por norma lo que es llevar una “vida divertida” solo porque mi disfrute no me consume, no me perjudica y me ayuda a vivir muchos años más. Ir al cine, de cafés, vacaciones, campamentos, risas y más risas entre amigos. Si lo único que no has visto aquí son las palabras ALCOHOL y DISCOTECAS te parece entonces que soy una sosa, entonces el problema lo tienes tú porque yo no necesito de esas cosas para llenar mi vida.

¡Es mentira que los cristianos no disfrutamos de nuestra sexualidad! Lo que sucede es que la disfrutamos en su correcto contexto con la profundidad y seriedad del compromiso matrimonial. A mí personalmente no me gustó ni me gusta andar “probando” lo que tantas veces ha sido ya probado y lo consideramos algo tan serio y exclusivo que no lo tomamos a la ligera. Respeto mi cuerpo y solo lo doy dentro de un compromiso.

¡Es mentira que los cristianos no disfrutamos de la vida! ¿Por qué no íbamos a disfrutar de todo lo bueno que Dios ha creado? Pero no es mi finalidad en la vida, no disfruto de los placeres como si fuera mi último día. Lo hago con orden y mi mayor deseo es ofrecer lo que yo tengo que tanto me alivia cada día y ayuda porque duele ver la desesperación en los ojos de las personas, las heridas del almas o el daño que nos hacemos los unos a los otros.


Si las personas te recomiendan ir al médico para básicos dolores, al psicólogo cuando tienes ansiedad, al cardiólogo cuando te duele el corazón ¿por qué yo no puedo recomendar al médico Jesús?



28 abr 2017

Besos en el S. XIX (Un datito)


En torno a lo que voy a describir aquí, es acerca del S.XIX de Inglaterra.


Una cosa que con frecuencia verás en las miniseries dedicadas a los libros clásicos es, que si en ellas ha de aparecer un romance, de seguro que tarde o temprano te plasmarán en pantalla un beso de película. Te voy a decir una cosa acerca de los besos que yo no he estudiado y lo he sacado por deducción al leer libros clásicos y ver miniseries dedicadas a los clásicos. Los besos entre dos personas que se atraen en los S. XIX (hablo de este siglo porque es con frecuencia los libros y mini series que más veo) es algo difícil de realizar porque, aunque ahora pareciera que vamos regalando besos por doquier y hoy en día cada vez se desvalora más eso de dar besos en los labios, antes (y yo pienso exactamente igual, llamadme radical, para mí en estos tiempos en un piropo, me hace sentir cuerda) un beso entre un hombre que cortejaba a una mujer con intenciones totalmente honorables era casi como estar ya comprometidos, para la boda quiero decir. Es sellar el pacto de “Con este beso te voy a desposar”. 

Sí, porque pedirle permiso a la dama para ser cortejada incluía entre líneas el hecho de que el cortejo acabaría en boda. Antes no existía el ahora de "Yo quiero solo contigo esta noche que mañana tengo planes de acostarme con otra" o el tan usado "Mira, vamos a probar y si no nos va bien pues tú con tu madre y yo con la mía" Por supuesto que pasaba, pero si un hombre tenía que desfogarse, habían mujeres "no decorosas" que se prestaban para tal fin, pero por lo general esto sucedía así. Y volviendo al principio de este párrafo, sí, él debía de pedirle permiso para ser cortejada, me temo que ahora se lleva eso de seguir a la mujer por la calle pegándole gritos y tirándole chistes obscenos. Por lo que el hombre enviaba una tarjetita con sus honorables intenciones y quedaba a la espera de la respuesta de su dama soñada, la cuál no podía mostrarse muy ansiosa para no parecer desesperada, ni poco ansiosa para no desanimar a su admirados.

¿Puedo tener el placer de escortarla a casa esta tarde? Si puede ser, mantenga esta carta. Si no, por favor, ¿podría senrtarme en la valla y verla pasar? Estrictamente confidencial.

De segundo que era difícil de dar besos cuando amabas a alguien porque las mujeres no debían de ir solas a ningún sitio de la puerta de sus casas hacia fuera y cuando el hombre se declaraba querer cortejar a una dama ¡aún con esas, no estaban solos! ¿Qué pasa si perdía su virtud y ningún hombre la quería ya? (Porque la mujer debía de estar impolutamente intacta, el hombre daba igual, de hecho, cuando más experimentado, mejor) De lejos vigilantes estaban o bien la madre, la hermana, el padre, la amiga, la niñera… Alguien, pero nunca solos, guardar la virtud de la mujer y dar lo más preciado para siempre a un único hombre era importantísimo.

Otro dato para el que no esté muy puesto, ya os digo que yo todo esto lo he sacado de leer literatura clásica y mini series ambientadas en dichas épocas, es que el beso era el último paso a dar, antes de los besos existía la excitación de el roce de manos al caminar, por ejemplo. Quiero destacarte, querido lector, que el contacto físico en aquella época entre hombre y mujer era muy escaso, a excepción de buenas amistades que no se prestasen al cotilleo en el pueblo cuando fueran vistos agarrados del brazo, por lo que, como todo ser humano, la atracción física que tanto se restringían, era la primera cosa que se deseaba cuando se estaba enamorado. Se deseaba y buscaba un motivo, por torpe que fuera para sostener la mano de la dama cuando subía o bajaba del carruaje, acariciarle la mejilla mientras se le retiraba un mechón de pelo de la cara o el tacto de la espalda al dirigirla al caminar. Motivo demás que los bailes también fueran algo tan deseado, en los bailes había cercanía, roces, conversaciones, miradas... (Todo eso sin la necesidad de restregar culo con culo en las discotecas)

Por lo tanto los besos era el deseo más ardiente que florecía cuando todo esto ya estaba gastado y se deseaba ir más allá, pero el beso era lo último que debía de hacerse.

Por supuesto que esto era un ensoñación para las damas que se permitían el lujo de soñar con el amor, ya que si nacías sin fortuna debías de buscar un matrimonio ventajoso (como diría mi querida Sra. Bennet) Pero si en el proceso quedabas perdidamente enamorada de él y él de ella, bueno, ¿qué hay más hermoso que un amor correspondido?

21 abr 2017

Somos más ovejas que monos.


 
A menudo nos encontramos en la Biblia que Dios se refiere al ser humano como ovejas y hasta parece que nos trata con similitud. Cuando hablamos de la Biblia, hemos de ponernos en contexto con la situación y el tiempo en que fue escrita y por los tiempos en que Jesús caminó sobre la tierra, el pastoreo de ovejas era un trabajo común. (Algo que se puede aplicar a la vida moderna al respecto del por qué vamos como manada de ovejas a muchos sitios)

¿Por qué nos compara Dios con las ovejas?
1 Están siempre indefensas contra los depredadores.
Puedes ver como un camaleón se camufla con el ambiente, un gato saca las uñas para arañarte, el lince corre a grandes velocidades y el perro saca los dientes y te muerde. ¿Qué hace la oveja? Beee. Parece ser que las ovejitas no tienen arma defensiva. Nosotros tampoco, nosotros nacemos desnudos y nada va añadido a nuestro cuerpo como arma.

2 Son animales muy torpes.
A la vista está que el ser humano tropieza sobre sus mismas piedras una y otra vez, una y otra vez. Sabemos tomar decisiones equivocadas y nos metemos en camisa de once varas.

3 Son seres totalmente dependientes
No somos libres porque somos esclavos de nuestros propios deseos. Siempre andamos deseando algo en la vida, material o no. Siempre buscando la compañía de alguien, que nos proteja, que nos ame, que nos dé seguridad. Las ovejas también está siempre dependiendo de su amo, a dónde él las conduzca, allí van ellas.

Después de ver estos tres términos ¿Qué le pasa a una oveja sin pastor?
Si dejas sola a la oveja caerá por el precipicio, se acercará a los barrancos y los lugares más espinosos.

¿Qué hace un buen pastor?

El Señor es mi pastor,nada me faltará.2 En lugares de verdes pastos me hace descansar;junto a aguas de reposo me pastoreará.3 Él restaurará mi alma;me guiará por senderos de justiciapor amor de su nombre.4 Aunque pase por el valle de sombra de muerte,no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo;tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

He aquí el Salmo 23 donde Dios hace el papel de un pastor y nosotros las ovejas.
Hay más ejemplos en:
 Juan 10
Ezequiel 34:31


13 abr 2017

Kingyo Sukui



 No me cansaré de decir, que si te gusta Japón, ver animes te ayudará a descubrir muchas verdades. Me refiero a que con los animes, puedes descubrir muchas de sus costumbres, pues hay muchas cosas que son verdad. En este caso, verás como con las imágenes que ya has visto aquí sabes de lo que te estoy hablando. ¡Sí! En muchas fiestas de verano donde se van con yukatas, que hay puestos de comida, fuegos artificiales… seguro que habrás visto entre tanta gente algún niño en cuclillas, asomado a un pequeño estanque de peces, con una palita en la mano intentando coger uno. ¡De ese juego te estoy hablando! El que tiene por el nombre, el título de esta entrada. Kingyo Sukui 金魚すくい

Primero vamos a destripar la palabra para entenderla y quedaría así:
Kingyo: pez dorado
Sukui: atrapar
Y ya no es muy difícil de observar, en qué quedaría y lo que evidentemente significa. Atrapar pez dorado


Uno se pone en cuclillas, sujetando un bol con una mano y en la otra sostenemos una paletita de plástico y el aro del centro de papel poi. (Creo que ya has visto la trampa su sabes la durabilidad que tiene el papel cuando hace contacto con el agua) Sin embargo, he ahí el juego. La rapidez entra en acción si quieres atrapar uno de esos peces dorados y echarlo velozmente al bol antes que su base de papel, se quiebre. El juego continúa aunque una parte del aro de papel se rompa, pero cuando ya no quede nada, el juego habrá terminado. Tengas o no un pez en tu bol.


Sin embargo, aunque la diversión reside en tu destreza, no es de extrañar que en muchos puestos, el tendero te regale un par de peces si al final no has conseguido llevarte ninguno. Pero si eres de los que ha podido coger muchos, entonces otros premios especiales te esperarán. También puedes pagar un poco más del precio que te pidan y así conseguir un aro de papel más resistente. Cierto es que verás a muchos niños riendo con este juego (o llorando si se les ha roto el arito de papel mucho antes de lo que esperaban) pero es una atracción que está dirigida a todos los públicos.



Aunque es un juego que no te da mucha competitividad, porque lo ha de jugar uno solo, también hay un campeonato nacional en Japón para competir con otros jugadores. Un juego que, por lo que he leído por Internet, se remonta a la Era Edo. Por el 1810. ¿Lo has jugado alguna vez allá en Japón? Si es así, espero que me puedas aportar algo más.

7 abr 2017

Amor incondicional, puro y no recíproco.

  Qué fantástico y maravilloso puede ser el amor...

Con los años uno aprende a apreciarlo, a quererlo, a alimentarlo y sin darse uno cuenta, a compararlo con el amor que sienten los demás entre ellos. No para criticarlo, sino para aprender de ellos (o eso deberíamos de hacer en vez de vivir en una constante carrera de competencia de quién tiene el mejor caballo).
Los pasados días, queriéndolo yo, estuve comparando "amores" pero del amor que quiero hablar es el de la gran y sagrada institución del matrimonio, aunque lo que vaya a decir puede valer para verdaderos incluso en una buena y arraigada relación de amistad.

Lo primero y ante todo, que cuando amas a alguien (y si no es así lo que voy a decir, yo me atrevería a decir que no es amor) lo primero que sientes, como una necesidad es el DAR, qué palabra tan difícil de cumplir hoy en día... nuestra mente siempre corriendo a pensar "pero ¿recibiré algo a cambio?"  En todo momento pensamos en hacer feliz a esa persona sin importarnos en un ningún exacto momento en si el acto que vamos a hacer nos será devuelto, porque nuestro mayor pensamiento es el hacer feliz a esa persona. A eso se le llama "amor incondicional" Es el mejor amor que podríamos dar siempre y no de forma egoísta siempre pensando en que nos devuelvan lo que estamos dando. ¿No lo has dado acaso por que quisiste hacer feliz a esa persona? Y cuando esta fue feliz cuando vio todo lo que le estabas dando con tu amor, ¿no te hace eso a tí feliz? ¿Para qué andas entonces exigiendo que también te den?

Yo me casé porque amo a mi marido y quiero hacerlo feliz, pero no me levanto cada mañana pensando en hacerle el desayuno y llevárselo a la cama para que a lo largo de la mañana él haga también algo por mí. Nuestra condición egoísta lo estropea todo. Yo miro por mi marido y soy feliz cuando lo veo feliz y si ando todos los días esperando a que me devuelva todo lo que yo le doy, entonces llegaría un punto en que ya no haría las cosas con amor, las haría esperando un beneficio propio. Eso es egoísta y el amor no es egoísta. El amor se sacrifica por la felicidad del otro y eso a la otra persona no lo hace infeliz, porque en su sacrificio ve la felicidad de su pareja, supongo que entonces ya no se le puede llamar "sacrificio" dado que no le ha costado nada hacerlo, porque el amor no cuesta darlo.

Yo fallo como todo el mundo, no vayan a pensar que escribo esto como que soy la persona más perfecta de la tierra, la perfección no existe aquí y el que se crea perfecto ya está pecando de vanidoso y eso rompe su imperfección. ¿Lo ideal? Que todos los días de tu vida vivieras ese amor incondicional que sentías la primera vez que te enamoraste de tu pareja, siempre con la necesidad de verla/o, de conocerla/o, de escuchar lo que tiene que decir, de atenderla/o para que no le falte de nada, respetándola/o, amándola/o y no esperar nada a cambio salvo esa sonrisa que te hace estallar el corazón.

Es exactamente lo que Dios hace por nosotros. Su amor es el más incondicional y puro que existe. Gente blasfema, gente lo odia, gente que pasa completamente de él... y ahí está, Dios saca el sol siempre todos los días para justos e injustos, lo hace por que te ama y no espera tu "gracias" en respuesta.
Amen.

31 mar 2017

¡A menudo!





A menudo olvidamos que la disciplina y el amor van de la misma mano, aunque muchas veces duela.

A menudo culpamos a Dios de nuestras situaciones aunque no le hayamos tenido en consideración en el momento en el que tomamos esa decisión que nos llevó a la tan desagradable situación actual.

A menudo queremos hacer ver que somos más pobres que nadie, cuando nosotros mismos donamos ropas que no nos vamos a poner más, para darlas a los pobres más necesitados.

A menudo nos justificamos diciendo que hay distintos escalones y grados de pobreza. Por eso el que tiene una televisión en casa es pobre y el que no la puede tener es… ¿aún más pobre? Solo hay ricos y pobres.

A menudo alimentamos lo que tanto daño nos hace y no resistimos la tentación de culpar a otros.

A menudo cuando estamos criticando a los demás queremos ensalzar nuestras virtudes, pero nos olvidamos de nuestras propias faltas.

A menudo olvidamos levantar la cabeza de nuestro ombligo para ver que no estamos solos en el escenario en el actuamos y que la gran verdad que nadie nos enseña es que el escenario no es la función que nosotros representamos y el resto el público, sino que en el escenario estamos todos y nos vemos los unos a los otros.

A menudo pasamos tanto tiempo mirándonos en el espejo que no encontramos nunca la suficiente satisfacción de vanagloriarnos como para abandonar dicha tarea y mirar a los demás.

A menudo olvidamos que el único modo de alcanzar la humildad es matar al egoísmo en el proceso.

A menudo olvidamos que en el verdadero y puro amor no existen los celos, ni las mentiras, ni espera nada a cambio por muchas justificaciones que demos.







24 mar 2017

Campanas...




A menudo las campanas de las iglesias molestan cuando son tocadas a deshoras que nos impiden realizar una tarea. Repiquetean y redoblan sin cesar llamando a las personas a buscar refugio en las iglesias. Ellas suenan y son golpeadas con afán, esperando ser oídas más allá del molestar que causen en mitad de la hora de la siesta o temprano en la mañana. Muchas veces, depende de la iglesia que sea, si el cielo está encapotado, sientes una fría brisa que acaricia tu rostro, la calle está un poco desierta y la estructura es tan antigua que no desentona con el entorno puedes sentir miedo. Puedes casi alcanzar a escuchar una grave voz llamándote y más que empujarte hacia las puertas sagradas, el Ding-Dong te hace querer alejarte de ellas.

Pero las campanas también tienen otra función, pueden jugar otro papel, si así lo deseas ver. Las campanas no solo repiquetean y son golpeadas para llamar feligreses a la búsqueda de una mejor vida espiritual, hay campanas en vidas más rurales que suenan en las granjas para anunciar a los trabajadores que es la hora de comer. En pueblos más pequeños se pueden ver en los colegios para la hora del recreo o incluso en las casa más señoriales donde la Señora llame a su criada con una de estas en un tamaño muy reducido (a día de hoy, yo he sido testigo de algo así)

A menudo, el sonido de las campanas nos hace llenar nuestras mentes de bancos llenos de gente rezando ante imágenes, iglesias en penumbra, silencios que se rompen con susurros y si lo asociamos a esta idea mayormente, si pensamos que en la campana como un llamado espiritual, será también que el redoblar de las mismas sea como una gigante y poderosa trompeta que nos resguarda del mal. Las campanas pueden ser un arma, una poderosa arma de destrucción masiva para el mal que nos rodea cuando estas suenan. Es como la simulación de las ondas del repiqueteo fuera un manto divino que nos resguardara del mal.


Se dice que la primera campana, la primera de todas, fue construida para protegernos del mal. 
Un arma de paz para tiempos de guerra interior.
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